Dramaturgo, poeta y actor inglés
Padres: John Shakespeare y Mary Arden
Cónyuge: Anne Hathaway
Hijos: Susanna, Hamnet y Judith Shakespeare
Compañía teatral: Lord Chamberlain’s Men, después King’s Men
Conocido por: Hamlet, Macbeth, Romeo y Julieta, Otelo, El rey Lear y Sueño de una noche de verano
Poesía: Venus y Adonis, La violación de Lucrecia y Sonetos
William Shakespeare nació en Stratford-upon-Avon, Inglaterra, en abril de 1564. Fue bautizado el 26 de abril y tradicionalmente se sitúa su nacimiento el día 23, aunque no existe un registro que permita asegurarlo. Dramaturgo, poeta, actor y empresario teatral, desarrolló su carrera entre Stratford y Londres y convirtió el escenario comercial de su tiempo en un espacio donde la historia, la política, la comedia, la violencia y la conciencia individual adquirieron una complejidad poco habitual.
Familia y formación
Fue hijo de John Shakespeare, fabricante de guantes, comerciante y miembro destacado del gobierno municipal de Stratford, y de Mary Arden, procedente de una familia de propietarios rurales de Warwickshire. William fue el mayor de los hijos del matrimonio que sobrevivieron a la infancia.
No se conserva el registro de su escolarización, pero casi con seguridad asistió a la escuela de gramática de Stratford, donde la enseñanza se basaba intensamente en el latín, la retórica y autores como Ovidio, Virgilio, Plauto y Séneca. No cursó estudios universitarios, circunstancia que lo diferenciaba de varios dramaturgos londinenses de su generación.
A los dieciocho años se casó con Anne Hathaway, de veintiséis. Susanna, la primera hija, fue bautizada en mayo de 1583. En febrero de 1585 nacieron los gemelos Hamnet y Judith. Hamnet murió en 1596, con once años. La documentación no permite establecer qué efecto tuvo aquella muerte sobre Shakespeare ni vincularla directamente con sus tragedias posteriores.
La vida familiar quedó durante largos periodos dividida entre Stratford, donde permanecían Anne y los hijos, y Londres, donde Shakespeare trabajaba. Sin embargo, mantuvo estrechos intereses económicos en su ciudad natal y, cuando empezó a prosperar, compró allí propiedades. En 1597 adquirió New Place, una de las casas principales de Stratford.
De Stratford al teatro de Londres
Entre 1585 y 1592 se extienden los llamados «años perdidos» de Shakespeare. Se han propuesto numerosos empleos y aventuras para explicar ese periodo, pero ninguna hipótesis dispone de pruebas concluyentes.
En 1592 ya estaba suficientemente establecido en el teatro londinense para que el dramaturgo Robert Greene lo atacara en un panfleto. Shakespeare entró en una escena profesional muy competitiva, donde trabajaban escritores como Christopher Marlowe, Thomas Kyd y, algo después, Ben Jonson. Los dramaturgos tomaban materiales de crónicas, textos clásicos, relatos italianos y obras anteriores y competían por transformarlos rápidamente en piezas capaces de atraer público.
Durante los cierres de los teatros provocados por la peste, Shakespeare publicó los poemas narrativos Venus y Adonis (1593) y La violación de Lucrecia (1594), dedicados al conde de Southampton.
En 1594 quedó asociado a los Lord Chamberlain’s Men, una de las principales compañías inglesas. No era únicamente su dramaturgo: actuaba y poseía una participación económica en el negocio. Cuando Jacobo I accedió al trono en 1603, la compañía recibió patrocinio real y pasó a llamarse King’s Men.
Un teatro hecho para ser representado
Las obras de Shakespeare nacieron ante todo para el escenario, no como literatura destinada inicialmente a la lectura. El Globe, construido en 1599 y parcialmente propiedad de los miembros de la compañía, era un teatro abierto con un patio central donde los espectadores más baratos permanecían de pie y galerías cubiertas para quienes podían pagar más. El público reunía estratos sociales muy distintos y reaccionaba de forma visible y sonora a la representación.
Los decorados realistas tenían un papel limitado. Buena parte del espacio, el tiempo y la atmósfera debían construirse mediante el lenguaje, el vestuario, los objetos escénicos y la imaginación del espectador. Los papeles femeninos eran interpretados por muchachos o jóvenes, pues las mujeres no formaban parte de las compañías profesionales inglesas.
A comienzos del siglo XVII, las compañías de actores adultos tuvieron además que competir con las populares compañías infantiles o boy companies. Shakespeare aludió a esta moda en Hamlet. Los King’s Men recuperaron en 1608 el teatro cubierto de Blackfriars y comenzaron a utilizarlo regularmente hacia 1609. Era más pequeño, más caro y permitía iluminación artificial, lo que ofreció condiciones escénicas distintas de las del Globe.
El teatro estaba también sometido a control político. El Master of the Revels debía autorizar las obras antes de su representación y podía exigir modificaciones. La escena de la deposición de Ricardo II, por ejemplo, no apareció impresa en determinadas ediciones isabelinas y la obra adquirió una inesperada dimensión política cuando partidarios del conde de Essex encargaron una representación poco antes de su rebelión de 1601.
Comedias, historias y Falstaff
La cronología exacta del teatro de Shakespeare contiene zonas discutidas, pero pueden establecerse periodos aproximados. Entre 1591 y 1594 escribió algunas de sus primeras obras históricas, como las partes de Enrique VI y Ricardo III. Hacia 1595-1596 aparecieron Romeo y Julieta, Ricardo II y Sueño de una noche de verano.
Las comedias de los años noventa ampliaron considerablemente las posibilidades del género. En Sueño de una noche de verano, Mucho ruido y pocas nueces, El mercader de Venecia o Como gustéis, el juego amoroso convive con el disfraz, los equívocos de identidad, las diferencias sociales y personajes que utilizan el lenguaje como instrumento de seducción o defensa.
Sus dramas históricos fueron igualmente decisivos en esta etapa. Enrique IV, primera parte, escrita aproximadamente en 1596-1597, y Enrique IV, segunda parte, hacia 1597-1598, introdujeron a Falstaff, caballero expansivo, cobarde, ingenioso y profundamente teatral que ofrece un contrapunto cómico al aprendizaje político del príncipe Hal. Enrique V, de 1599, culminó ese ciclo enfrentando la construcción pública del rey con la guerra y las responsabilidades del poder.
Shakespeare escribía en una Inglaterra marcada por el recuerdo reciente de la Armada española de 1588, los conflictos religiosos posteriores a la Reforma y los problemas de sucesión y autoridad de los últimos años de Isabel I de Inglaterra. Sus obras no pueden reducirse a comentarios directos sobre estos acontecimientos, pero fueron representadas ante un público para el que la legitimidad monárquica, la rebelión, la guerra y la religión eran cuestiones inmediatas.
Las grandes tragedias
Alrededor de 1600 comenzó el periodo asociado a sus tragedias más célebres. Hamlet suele fecharse hacia 1600-1601; Otelo, alrededor de 1604; El rey Lear, en 1605-1606; y Macbeth, en 1606.
Estas obras llevaron más lejos un procedimiento que Shakespeare había desarrollado durante años: personajes que no solo actúan, sino que se observan actuar, interpretan las intenciones de otros, mienten, dudan y cambian de posición mientras hablan.
Hamlet transformó una historia de venganza en una investigación dramática sobre la muerte, la representación y la dificultad de conocer la verdad. Otelo convirtió los celos en el resultado de una manipulación progresiva. El rey Lear llevó una antigua leyenda hacia una tragedia sobre el poder, la vejez, la familia y la pérdida de identidad.
Macbeth pertenece ya plenamente al reinado de Jacobo I. Sus referencias a la descendencia de Banquo y a la «equivocación» han sido relacionadas con los intereses de la nueva dinastía y con el clima creado por la Conspiración de la Pólvora de 1605 y los procesos posteriores. El teatro de Shakespeare respondía así a circunstancias históricas concretas sin quedar limitado a ellas.
Lenguaje y poesía
Shakespeare alternó prosa y verso, convirtió el verso blanco en un instrumento extraordinariamente flexible y modificó ritmo, sintaxis y vocabulario según el personaje y la situación. Sus obras contienen juegos verbales, dobles sentidos, cambios de registro y metáforas que pueden funcionar simultáneamente en varios niveles.
Durante mucho tiempo se popularizó la idea de que «inventó» miles de palabras inglesas. La afirmación necesita matices. Para numerosas palabras y usos, Shakespeare proporciona el primer registro escrito conocido que conservan los diccionarios históricos; eso no demuestra necesariamente que él los creara, pues algunos podían existir ya en la lengua hablada.
Sus Sonetos, publicados conjuntamente en 1609, reúnen 154 poemas sobre el tiempo, la belleza, el deseo, los celos, la sexualidad, la traición y la capacidad de la poesía para desafiar al olvido. Las identidades reales del joven, la llamada «dama oscura» y el poeta rival que parecen aparecer en distintos grupos continúan sin demostración concluyente.
Últimas obras y colaboraciones
En sus últimos años aumentó su colaboración con otros dramaturgos, práctica habitual en el teatro de la época. Pericles, representada hacia 1608, se considera una obra escrita junto con George Wilkins. Cimbelino suele fecharse alrededor de 1610, y Cuento de invierno y La tempestad, hacia 1611.
Con John Fletcher, sucesor de Shakespeare como principal dramaturgo de los King’s Men, escribió Los dos nobles caballeros y participó en Enrique VIII. Ambos están asociados también a Cardenio, obra representada en 1613 y atribuida posteriormente a Fletcher y Shakespeare, cuyo texto se ha perdido.
Estas colaboraciones son diferentes de la llamada «cuestión de la autoría». Desde mediados del siglo XIX surgieron teorías que atribuían el conjunto de la obra de Shakespeare a Francis Bacon, Edward de Vere, conde de Oxford, Christopher Marlowe u otros candidatos. El consenso académico especializado atribuye las obras a William Shakespeare de Stratford, al tiempo que reconoce que parte del canon fue escrita en colaboración y que la autoría exacta de algunos pasajes continúa estudiándose.
Regreso a Stratford y muerte
Shakespeare fue reduciendo su actividad londinense durante sus últimos años y pasó más tiempo en Stratford. Su testamento, fechado el 25 de marzo de 1616, muestra a un propietario acomodado que distribuye tierras, dinero y objetos entre familiares y conocidos.
Una cláusula se hizo especialmente famosa: dejó a Anne Hathaway su «segunda mejor cama» con sus accesorios. Se ha interpretado como desprecio, afecto matrimonial o simple identificación de un objeto concreto; los testamentos de la época muestran que expresiones como «mejor» y «segunda mejor» podían utilizarse sencillamente para distinguir bienes.
William Shakespeare murió en Stratford el 23 de abril de 1616 según el calendario juliano utilizado entonces en Inglaterra y fue enterrado dos días después en la iglesia de la Santísima Trinidad. Esa fecha equivale al 3 de mayo en el calendario gregoriano ya vigente en España. Por tanto, la conocida afirmación de que Shakespeare y Miguel de Cervantes murieron el mismo día no es cronológicamente exacta: Cervantes murió probablemente el 22 de abril gregoriano y fue enterrado el 23.
La causa de la muerte de Shakespeare no está documentada. En su tumba figura un breve epitafio que pide no remover sus restos y maldice a quien mueva sus huesos. Anne murió en 1623. La descendencia directa de Shakespeare terminó en 1670 con la muerte de su nieta Elizabeth Hall.
El First Folio
Shakespeare no preparó una edición completa de sus obras teatrales. Algunas habían aparecido en ediciones individuales en cuarto, pero otras seguían ligadas al repertorio de la compañía.
En 1623, sus compañeros John Heminge y Henry Condell reunieron treinta y seis piezas en Mr. William Shakespeare’s Comedies, Histories, & Tragedies, el volumen conocido como First Folio. Dieciocho de aquellas obras no habían sido impresas anteriormente; sin esa edición podrían haberse perdido textos como Macbeth, Julio César, Noche de reyes, Como gustéis o La tempestad.
El libro incorporó en su portada el célebre grabado de Martin Droeshout, una de las escasas imágenes de Shakespeare aceptadas como próximas a su apariencia real. Entre los textos preliminares figuraban versos de Ben Jonson, amigo y rival teatral, que formuló una de las caracterizaciones más duraderas del escritor al afirmar que no pertenecía «a una época, sino a todos los tiempos».
Influencia y legado
La centralidad posterior de Shakespeare no fue automática. Creció mediante la conservación de sus textos, las sucesivas ediciones, la representación continuada y una expansión internacional que terminó separando sus obras del contexto concreto para el que habían sido creadas.
Durante los siglos XVIII y XIX adquirió una posición cada vez más dominante en la cultura británica y europea. Sus personajes y argumentos pasaron al teatro, la crítica, la música y después al cine y la televisión. Romeo y Julieta, Hamlet, Macbeth, Otelo o El rey Lear pueden trasladarse a épocas y culturas muy distintas porque no dependen únicamente de una recreación histórica: contienen conflictos entre deseo y norma, poder y conciencia, apariencia y verdad.
También perduró su capacidad para producir personajes que parecen exceder la función que cumplen en la trama. Falstaff, Hamlet, Yago, Macbeth, Lear, Rosalinda, Shylock o Próspero pueden ser interpretados de maneras opuestas sin que el texto cierre por completo esas posibilidades.
De Shakespeare conservamos contratos, registros parroquiales, documentos de propiedad, referencias teatrales, firmas y un testamento, pero muy pocas huellas de su intimidad. Esa desproporción es parte esencial de su biografía: conocemos bastante bien al actor, accionista, propietario y dramaturgo profesional de Stratford y Londres, pero mucho menos al hombre privado. Lo que permanece con una claridad excepcional son las obras que aquel profesional del teatro escribió para unos actores, unos escenarios y unos espectadores concretos y que terminaron sobreviviendo al mundo para el que fueron concebidas.